La hospitalidad persa: el taarof
Sí, exactamente 4 meses sin publicar nada, lo sé, qué poco fundamento. Pero el tiempo pasa rápido, muy rápido, y es que casi sin darme cuenta ya llevo aquí 6 meses. Tan sólo dentro de 4 ya estaré de vuelta en casa, con lo bueno y malo que eso supone. Ahora mismo la sensación que tengo es que me voy a quedar con ganas de más Irán.
Pero bueno, dejémonos de elucubraciones y vayamos al grano, que el tema que hoy nos ocupa trae cola. Se trata de un curioso comportamiento o código de conducta que tienen los persas, y que sorprende bastante al extranjero por lo aparentemente paradójico e incluso hipócrita que resulta. Se podría intentar explicar como una manera de hacer sentir cómodos y valorados a los demás, hacerles sentir nuestros huéspedes, pero de una manera un tanto peculiar por lo exagerada, llegando a extremos cercanos a la auto-humillación. Para que quede más claro, pongámonos en escena.
Caso 1: relaciones comerciales
Después de una larga y dura jornada laboral, paro un taxi por la calle y le indico al taxista que me lleve a tal sitio. Para empezar, si en ese momento está comiendo o bebiendo algo, con un 90% de probabilidad me ofrecerá e insistirá 2 ó 3 veces hasta que yo acepte o recline. De momento nada raro, realmente da la sensación de que se trata de un convenio social, puede que no le apetezca darme o no tenga suficiente para ambos, el caso es que no hacerlo sería descortés por su parte, así que me ofrece e incluso insiste en que acepte. Pero esto no es nada. Cuando concluya el trayecto, yo iré a pagarle, y él me dirá que no es necesario, que para él es un placer llevarme y que no tengo que pagarle nada Be my guest. Claro, las primeras veces es mosqueante porque piensas que no te ha entendido que quieres pagarle, y le insistes con el dinero en mano que quieres pagarle. Ni siquiera te dirá cuánto dinero es. Te volverá a negar 1 ó 2 veces más, y como tú sigues insistiendo, acabará cogiéndotelo, pero sólo porque insistes. O eso parece.
Después del estupor inicial por este comportamiento, que también se puede dar en cualquier tienda, caes en la cuenta de que simplemente se trataba de taarof. Caes en la cuenta porque te lo explican, claro. En ningún momento el taxista o el tendero va a dejarte ir sin pagar, nada está más lejos de su intención que invitarte, pero por norma social va a rechazar tu pago un par de veces. Lo gracioso es que hay iraníes que comentan que si no les hacen taarof, incluso piensan que es descortés.
Caso 2: de copas tés
También se hace taarof cuando se está tomando algo en una cafetería o comiendo con alguien en un restaurante, y llega la hora de pedir la cuentica. El caso es que el camarero de turno la trae a la mesa, y ves auténticas discusiones entre iraníes por ver quién paga. Pero discusiones de 2 minutos de reloj, que si pago yo, no, pago yo que soy mayor que tú, y claro, tú en la mesa de al lado flipando. Normalmente se insiste al menos 3 veces. Es entonces cuando ambos contrincantes se quitan la máscara, y se ve realmente si se quiere invitar a la otra persona o simplemente es taarof. Lo malo es cuando los 2 siguen insistiendo en pagar… Las consecuencias son imprevisibles. Y todavía es más divertido cuando realmente ninguna de las partes está interesada en invitar al resto, ya que entonces hay que andar listo para retirarse a tiempo!
Caso 3: mi casa es tu casa
Otra de las veces que se hace taarof es cuando se conoce a alguien nuevo, que es muy típico que te inviten a su casa. Al principio resulta violento, porque igual no has cruzado más de 10 palabras con esa persona y ya te está invitando a su casa (no nos confundamos, estoy hablando de cuando sucede a plena luz del día y con plenas facultades -que nos conocemos-). El caso es que toca rechazar la invitación varias veces, pese a su insistencia, porque generalmente para nada te están invitando a su casa, se trata de nuevo de simple y llano taarof. Recuerdo que me pasó en un hotel de Yazd (sí, ya subiré foootos), que se me olvidó la cámara de fotos en el comedor del hotel, y la pareja que había estado sentada en la mesa de al lado la encontró, y me estuvo buscando por todo el hotel hasta que dieron conmigo. Bueno, pues después de darme la cámara -muy majos, por cierto-, y sin apenas podernos comunicar porque apenas hablaban inglés -y tampoco es que yo ande sobrado-, venga decirme que fuera a su casa. Y yo: pero a ver, a qué carajo quieren éstos que vaya a su casa. Pues menos mal que no insistieron demasiado, porque al final casi me dolía hacerles el feo.
Caso 4: usted primero
También es digno de mención el momento en el que vas andando con una o más personas, y toca cruzar una puerta, salir de un ascensor, o pasar por un lugar estrecho. Se pueden pegar una hora insistiendo en que pase primero el otro (sobre todo si es una mujer). La palabra en estos casos siempre es befarma o befarma-id, aunque suena más como befami. Y nada, yo ya directamente ni discuto, en cuanto uno abre la puerta y me ofrece pasar, pues adelante, ya pasarás tú después, majo.
Caso 5: amigos para siempre
Ah bueno, y ésta me hizo mucha gracia. Hace poco hicimos un viaje a la provincia de Kermán (que sí, que también pondré foootos), y contratamos una furgoneta con guía y conductor. El caso es que hicimos bastante buenas migas con el guía, que era un tipo joven y afable. Bueno, pues cuando nos despedimos de él en la sala de facturación del aeropuerto, por poco no nos coge los aproximadamente 350 dólares que teníamos que pagarle -y que no eran sólo para él, sino que con eso se pagaba al chófer y la gasolina-. Qué tío, nosotros venga insistir, y que no, que éramos sus invitados, que por favor, que no podía cobrarnos, menudo espectáculo montó. Al final cogió el dinero medio a regañadientes. Pese a saber que en todo momento estuvo haciéndonos taarof, a mí realmente me hizo sentir que había trabajado de gratis y por puro placer de enseñarnos su tierra.
Pero no nos confundamos, amigos, es todo un circo, una forma muy exagerada -y no pocas veces falsa- de pura cortesía. El problema que genera esta actitud es que hay que saber discernir cuándo te están invitando de verdad o es simple taarof. Suele ser bastante intuitivo lo de insistir -o rechazar- 3 veces. Si a partir de ahí continúa el espectáculo, se supone que la cosa va a en serio, y entonces realmente te están invitando.
He leído por ahí que esta ancestral manera de comportamiento, totalmente integrada en la cultura iraní, surgió en el Imperio Persa, a raíz de todas las invasiones que tuvieron que soportar sus habitantes a lo largo de la Historia, ya que la complicada orografía de Irán les impedía huir de las tropas invasoras, por lo que aprendieron a subsistir fingiendo una hospitalidad con el extranjero.
Así que cuando vengáis a Irán y un taxista no quiera cobraros, no me hagáis como aquel huésped que una amiga tuvo en su casa durante unos días, y el último día de su estancia en Teherán, ésta llamó a su taxista de confianza para que le llevara al chaval al aeropuerto, y después de dejarle en la terminal, el taxista volvió a casa de mi amiga a pedirle que le pagara ELLA, ya que le había hecho taarof al colega y éste se pensó que realmente le estaba invitando, y se había ido haciendo un sinpa. Con un par.














































